Erika Tamaura
Aventar(se)
Lo mismo de siempre. Por Erika Tamaura IG & X: @erikatamaura
Los impulsos andan muy cotizados en estos días en los cuáles la incertidumbre es la constante. Los saltos de fe, la adrenalina, los tiros de precisión, “jugársela”, seguir el instinto, han subido de precio recientemente. Ser una persona impulsiva está catalogado como algo exótico en algunos casos y en otros, indeseable. En lo personal, tengo categorías de mi vida en las cuáles me permito ser impulsiva, como por ejemplo: decir que sí a proyectos culturales (sin leer primero las letritas chiquitas); invitaciones a tomar café con mis amigas o personas con las que pueda pasar horas y horas platicando; comprar agendas y plumones de colores; justificarme sin que me pregunten y ordenar un quinto taco sin tener aún el plato vacío.

El martes pasado mi esposo y yo fuimos al cine a ver la “última” película de “Misión Imposible». Para esto tuvimos un maratón en casa viendo todas las anteriores y quiénes me conocen saben que la comunicación y el marketing son unos de mis placeres culposos. Así que cada vez que podía ponía de fondo el tema de la película y veía las entrevistas de Tom Cruise sobre su narrativa de posicionarse como el actor que hace sus escenas de acción sin doble. Mi esposo, que no es tan fácil de convencer, me veía con cara de: “seguramente te la estás creyendo” y yo le pedía que tuviera fe en Hollywood, que era un momento dónde todos necesitábamos creer en algo y la industria nos estaba dando un símbolo.
Quise jugar con el título de esta columna en infinitivo para recordar cuando hemos sido invadidos por esos impulsos que nos hacen aventar cosas materiales contra la pared o contra cualquier cosa o persona y de cuando hemos agarrado el valor o quizá no haber pensado bien las cosas y nos hemos aventado nosotros mismos hacia situaciones y escenarios… ya me dirán ustedes cómo les ha ido con esas aventadas, pero de entrada el “dejarnos ir” es, sin duda, una de las cosas que aprendemos a controlar desde la infancia y después, se vuelve una respuesta programada, aprendida y domesticada.
Quizá nunca haya mejor momento para aventarse que cuando así te lo indique tu sentido de equilibrio. Hay personas que al pie de un barranco su estómago los detiene y los jala hacia atrás en un acto de seguridad, hay otras que al contrario, eso mismo que les quita la respiración es la señal inequívoca para tirarse sin pensarlo dos veces.
¿Cuántas veces te dijo tu mamá: “te vas a caer” cuando andabas jugando? y luego agregaba: “luego la que batalla es una que te tiene que curar las heridas y una es la que sufre por los hijos”. Esa programación sigue bien instalada en mi subconsciente y ahora me sorprendo aplicándola fielmente a mi hijo de 17 años y no porque yo así lo haya decidido, sino más bien porque me lo dijeron tantas veces que se volvió parte de mi narrativa personal. Tomar riesgos se volvió casi casi una prohibición porque arriesgarme significa la posibilidad de hacerle daño a alguien más, entonces dejé de pensar en mí y tomaba solo los riesgos calculados lo que definió mi camino me hizo ser quién soy (además de que nunca fui la más rebelde del grupo).
Tom Cruise viene a vendernos la idea de que no importa el nivel de riesgo, siempre habrá alguien que lo salve, que lo resucite, siempre habrá alguien en quién él pueda confiar y por eso se avienta. Esa idea podría sonar aún más imposible en la realidad que el tratar de rescatar un disco duro en una bóveda de máxima seguridad en un submarino en el fondo del mar de Bering mientras da vueltas antes de caer a un acantilado y salir de ahí hacia el mar congelado sin traje de buzo ni oxígeno, pero lo cierto es que si hay alguna misión imposible en estos días, esa es la de aventarse y estar seguros que alguien nos va a cachar. Quizá Tom Cruise no la tuvo tan imposible como nosotros la tenemos en el día a día: tomar riesgos y que alguien pueda estar ahí para ayudarnos podría ser menos creíble que brincar de un avión a otro en pleno vuelo y sin paracaídas.
El crédito de foto es del artista Mark Bristol y uno de los diseños del Storyboard de la película: “Mission: Impossible, The Final Reckoning.”
Puedes ver más de su trabajo en su página:
http://markbristol.squarespace.com/concept-and-storyboard-art/mission-impossible-fallout/

Erika Tamaura
Tripulación: diez mil pies.
Lo mismo de siempre Por Erika Tamaura IG& X: @erikatamaura
“Don’t be afraid of your fears. They’re not there to scare you.
They’re there to let you know that something is worth it.”
― C. JoyBell C.
2025 se sintió como un interminable proceso de viaje desde mi experiencia personal… metafórica y literalmente. Sobre todo la segunda parte del año. Al lado de mi cama estuvieron siempre mi maleta de mano y mi mochila listas para el siguiente vuelo. Casi, casi, logré tener un sistema de empaque a prueba de error basado en la logística de agenda de un rango de tiempo integrado por cuatro días: uno para viajar de ida, tres para hacer lo que tenía que hacer y el día del viaje de vuelta a casa.
En los polos de ida y vuelta de mis viajes, se escuchaba al capitán del avión indicar como un mantra la siguiente frase: “Tripulación: diez mil pies”. He viajado de forma regular desde que estaba chamaca, pero habrá sido la rutina o la automatización que he sentido instalada en mis huesos recientemente que pude percatarme de esa indicación en cada viaje. Soy de las personas que se persignan cuando el avión despega y aterriza… No sé si lo hago porque realmente creo que hay una fuerza externa que haría que al avión no le pasase nada, o porque así me enseñaron a hacerlo desde chiquita. Lo hago como un pequeño ritual personal y aparte cargo un rosario de collar. Elevarse del suelo y volverlo a tocar implica para mí el hacer gestos con las manos y agarrarme de algún amuleto.
“Diez mil pies” es un protocolo de seguridad de viaje en avión que indica que al momento de iniciar el vuelo, debes esperar a llegar a esa altitud para poder relajar tu atención. Mientras no lleguemos a los diez mil pies, todos los pasajeros y la tripulación de la aeronave debemos mantenernos en estado de alerta. Si buscas en Google: “diez mil pies”, dirá que es un punto crucial dónde se prohiben conversaciones y actividades no esenciales o innecesarias que puedan distraer la operación del piloto, siendo una norma de seguridad vital. Y lo mismo aplica para cuando se inicia el proceso de aterrizaje. La barrera de los diez mil pies indica que uno no puede portarse igual que siempre, implica entrar en un protocolo de protección comunitaria, por el bien de todos.
2025 fue mi propia barrera de los diez mil pies.
Alcanzar la altura necesaria para que sea seguro desabrocharte el cinturón de seguridad y relajar la postura, incluso comer o tomarte algo durante el viaje, pinta totalmente como mi próximo 2026, pero quiero contarles primero sobre mi estado de alerta previa para poder estar más en control de la situación.
Este año significó para mí aceptar honestamente que crecer y madurar duele. Asusta. Pero también te da una autoridad extraña para ser feliz, incluso más que cuando tienes la ignorancia de la juventud. Este proceso de aceptación profunda, lo viví como un trance en el cuál necesité escuchar de otros que ya habían cruzado esa barrera de los diez mil pies porque lo desconocido se siente también como ansiedad y parálisis. Llegas a un punto dónde no puedes ver pero tienes que confiar. El salto para cruzar esa barrera de altitud se siente en tu presión arterial, se te tapan los oídos y el oxígeno es un tema.
Mi protocolo de seguridad edición 2025 me obligó a confiar más en mí misma y en mis instintos cómo requisito para poder pasar esa barrera. A la par, si necesitaba desplomarme lo hacía; tumbarme a llorar por miedo, lo hacía; petrificarme por dudar de mis capacidades, lo hacía; perderme en la melancolía de mis errores, lo hacía; hablarle a mi familia y amigas para pedir apoyo, lo hacía; tomarme los descansos necesarios para reponer energías, lo hacía; dejar ir el control de las cosas… apenas ando en eso, pero lo estoy intentando.
La frontera de los diez mil pies indica entrar en una fase estable o bien, dejarla para iniciar el proceso de aterrizaje. Platicaba con mi tío Edmundo mientras escribía esta columna cuando solo tenía el título en la pantalla y me contaba cómo él interpretaba la metáfora de los diez mil pies. “Es como cuando inicias la fase productiva de tu vida, las oportunidades, lo que deseas hacer sin nada que te limite, pero también, que todo se termina y el aviso también indica que hay que iniciar a cerrar el proceso productivo con todo lo que se aprovecho de tu vuelo”. También hicimos una pequeña nota sobre que a veces, hay personas diez mil pies, gente que te limita o no te deja alcanzar la altura adecuada para desarrollarte. Mi tío fue una energía clave en este proceso personal de mis diez mil pies, fue él quién en una llamada por teléfono de esas en las que sientes que no puedes respirar y que sacas todo el temor que traes dentro, que escuché las palabras que necesitaba y que me ayudaron a cruzar mi propia barrera de los diez mil pies. Gracias tío.
2025 pudo haber sido un año como cualquier otro para algunos o un huracán para otros, pero si tuviese que elegir una palabra para recordarlo, yo elegiría: “altitud”, con todo lo que eso conlleva.
Deseo que su barrera de los diez mil pies sea un proceso de reconocimiento y coraje sobre su propia expansión y conciencia de los límites que nos ayudan a crecer cuidando de uno y de los demás.
Feliz 2026. Feliz vuelo.
Con amor,
-Erika.
Crédito de foto tomada del sitio Hyperallergic.
Un grupo de 15 de artistas y activistas de diferentes disciplinas lanzaron aviones de papel dentro del museo Guggenheim hechos de volantes en apoyo Ucrania con un código QR para contribuir a la causa.
Erika Tamaura
Invitan a curso gratuito de “Gestión Cultural 1:1” impartido por Erika Tamaura
Como parte de la serie de cursos de capacitación en gestión cultural organizados por elInstituto Sonorense de Cultura con el apoyo del programa de Apoyo a las Instituciones Estatales de Cultura (AIEC) de la Dirección General de Vinculación Cultural de la Secretaría de México, se invita a la comunidad de Hermosillo, Sonora a participaren el curso gratuito “Gestión Cultural 1:1” impartido por la Maestra Erika Tamaura, dirigido a estudiantes, promotores, gestores, creativos, artistas, agentes culturales y personas de la comunidad interesadas en el tema. Con y sin proyectos.
Con y sin experiencia previa en gestión cultural el objetivo del curso es capacitar a integrantes de la comunidad sonorense interesados en la vida sociocultural de su localidad a través de la sensibilización, reflexión, análisis y práctica sobre elementos y herramientas básicas de la gestión cultural que contribuyan a potenciar ideas de proyectos artístico-culturales en su territorio para fortalecer a las comunidades en las que se desarrollan.
El curso se llevará a a cabo en el Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora el jueves 27 y viernes 28 de noviembre en horario de 3:00 a 8:00 de la tarde, y el sábado 29 de noviembre de 9:00 de la mañana a 2:00 de la tarde. La inscripción es gratuita y abierta al correocapacitación@isc.gob.mx y al WhatsApp 662-449-9740.
Erika Tamaura es gestora cultural, educadora, migrante y periodista cultural. Fue Coordinadora del Departamento de Extensión de la Cultura del Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON) de 2006 a 2019.
Ha sido beneficiaria del Programa de Estímulo a laCreación y Desarrollo Artístico del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora(PECDA-FECAS) 2017-2018 en el rubro de Investigación Artística-Literatura-Periodismo Cultural con el proyecto: “Transiciones y oportunidades para el Periodismo Cultural en Sonora”. Recientemente diseñó la guía:
“Susceptible LAB, Laboratorio deReflexión para Proyectos” para el Sistema de Apoyos a la Creación y ProyectosCulturales (SACPC) e Instituto Sonorense de Cultura (ISC) en 2023.
Actualmente dirigela agencia de gestión cultural “Node Point US” en Houston, Texas y es colaboradora de Transit Projects de Barcelona, España, socia del proyecto SURES para residencias internacionales para gestores culturales desde la Frontera Sur de Estados Unidos.

Erika Tamaura
The Life of a Showgirl (Erika’s version)
Lo mismo de siempre
Por Erika Tamaura
IG & X: @erikatamaura
“I’m married to the hustle, sequins are forever.”
-Taylor Swift, The Life of a Showgirl.
En mis veintes, esa etapa en la cual uno lo puede todo y lo anhela todo (al menos en intención) sucedieron la mayoría de las cosas que me definirían como profesionista y ser humano. Una de esas cosas fue el presenciar en primera fila desde mi trabajo en la universidad un desfile interminable de personas que nos traían constantemente conocimiento sobre diversos temas, tendencias de trabajo desde la academia, investigaciones sociales y todas esas maneras extraordinarias que una como hija de pueblo pequeño recibe como si fuesen especias exóticas traídas desde un nuevo mundo. Esa década de mi vida sentaría las bases de mi obsesión por llegar a ser una de esas personas, llevando y trayendo objetos brillantes, descubrimientos, palabras de aliento y brújulas para los demás. Estudié mi maestría y me dediqué a tratar de acumular lo más que cupiera en mis bolsillos sobre teorías y prácticas de campo. Yo deseaba ser aquella persona al frente de la audiencia para decir lo que pensaba o lo que había trabajado sobre temas tan deslumbrantes como el desarrollo cultural.
La vida no me daría la oportunidad hasta 20 años después. Y yo me frustré en el camino. Yo estaba más que lista según mis estándares y esa contención de energía me llevó a hacer catarsis haciendo, haciendo y haciendo. Como yo no era la que estaba al frente, me dediqué a materializar mis ideas: hice, hice e hice. Me la pasaba haciendo. Hasta que fue el momento de parar y comprender que el no producir no era sinónimo de fracasar. Entonces entré en un universo paralelo de reflexión, memoria, replanteamiento, vértigo y en una espiral de cuestionamiento constante acerca de mis capacidades y si de verdad mis intereses del pasado tenían un futuro o si realmente era momento de olvidar lo que en mis veintes había encendido mi corazón.
Descubrí entonces que mi universo paralelo no era tan paralelo y que mi vértigo realmente era mutación… cuando este año comenzaron a apilarse una sobre otra todas las cosas positivas que yo había anhelado desde mi espíritu de gestora cultural al inicio de mi carrera me pregunté: ¿por qué ahora? ¿por qué en este momento? ¿por qué cuando parece que no tengo nada que ofrecer las circunstancias me ponen en la plataforma que yo había admirado y buscado tanto en mis inicios? al parecer, salir de un proceso de reinvención atrae este tipo de sucesos.
Entonces, les doy la bienvenida al “Tamaura Eras Tour” de mi vida. Este año fue un guiño maravilloso sobre el compromiso y las implicaciones que conlleva transformarse en la promesa de tu propio salto cuántico. Debo decir que si soy justa con el guión de mi vida hasta el momento, este era el paso obvio y no lo digo con falso orgullo o pretensión, más bien, desde un lugar de fe sabiendo que el trabajo y las redes que uno construye de buena voluntad siempre encuentran resonancia entre los lugares, las personas, los proyectos… ya sea en el tiempo que uno quisiera o cuando no haya lógica para ello.
Les escribo cerca de que este año tan increíble para mí termine, con el horizonte lleno de posibilidades y compartiendo unos apuntes personales que he guardado en esta temporada para todas las showgirls que al igual que yo están dándolo todo en el escenario:
- No hay que desesperarse esperando el spotlight. A veces caminar con perfil bajo aporta de gran manera al proceso de consolidación.
- Viajar es cansado, no es esa foto estética del café en el aeropuerto junto al boleto de avión, Es más bien incómodo y nos mantiene en constante estado de alerta. Viajar requiere un estado mental y físico de flexibilidad y adaptación. Ten eso en cuenta cuando las cosas nos salgan como deseas. El músculo de la flexibilidad es un requisito al igual que el pasaporte.
- No descuides el lugar al que regresas después del show. Por más que sientas apoyo incondicional de parte de pareja, tu familia y tu hogar, no olvides que ellos también sienten, te extrañan y el irte al ruedo representa un esfuerzo para ti y para ellos.
- La salud es el mejor vestido de lentejuelas. De nada sirve que tengas agenda llena y muchos eventos que atender si tu salud no responde. Con la mirada extra fija en lo que tu cuerpo te pida o demuestre, toma conciencia que conforme avanza la edad, ya una no se sobrepone tan pronto ni tan bien del jetlag, de los horarios y del estar dándote constantemente a la gente.
- No es el previo lo importante, no es el marketing, no es la promoción antes del evento. Yo había olvidado lo que significaba que se abriera el telón y la sensación de estar al escrutinio del público. Toma tu tiempo (yo diría bastante tiempo) en prepararte para el show. La frescura de la improvisación se va secando con los años y la experiencia. En lo personal, ahora encuentro seguridad y templanza en tener un plan ensayado y todo bajo control o al menos, poner el esfuerzo y concentración en intentarlo.
- Y esta última nota que leí en un post de Facebook: para inspirar a otros, no les muestres tus súper poderes, muéstrales los suyos.
Viene una etapa para mí de volver a los escenarios pero ahora desde un ángulo en el que pareciera que tengo mucho que contar porque soy lo que soy, pero realmente me he convertido en lo que soy por las personas que han sido parte de mi historia y es que si hay algo que yo pudiera ofrecer en estos momentos de mi vida, es precisamente por las personas que sostienen una rutina conmigo y me centran en una realidad que me permite ver las cosas de manera objetiva. Soy lo que soy porque cuando la vida me dio lecciones de humildad negándome lo que yo quería me concentré en dar, ayudar, construir, mover, unir.
Recibo el contrato de esta nueva etapa con ataques de ansiedad e inseguridades más que con confeti y luces… porque ahora estoy consciente de lo que implica el tener algo que decir y del compromiso de ser una showgirl… ¿Cómo podríamos pararnos frente a otros y entretener o guiar a lo que sea que haya que ser guiado sin esa veneración y valoración de las tablas que se pisan? La coherencia de vivir lo que uno predica es el mayor show que se pueda dar a este público lleno de expectativas… así que… “Thank you for the lovely bouquet”.
Con amor,
-Erika.

P.D. Originalmente andaba buscando una imágen con plumas y lentejuelas para acompañar esta columna, pero dado la reciente viralidad del Louvre, pensé que no habría mejor showgirl para ilustrar este texto.
Crédito de foto: “The Four Mona Lisas”, 1978, Andy Warhol.
The Andy Warhol Foundation for the Visual Art, Inc.
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