Erika Tamaura
Agradecer. (Parte 2…y edición de cumpleaños.)
Lo mismo de siempre.
Por Erika Tamaura

Le dije que nos veríamos aquí después de la locura de la gastadera (y que aún no acaba).
¿Cómo se siente en este momento? ¿Culpable por haber gastado? ¿Feliz porque gastó y se lo merece? Se sienta como se sienta, no se arrepienta. Respiramos en un mundo muy complejo por las trampas de lo material y ese es el propósito de estas vivencias capitalistas: retarle, ponerle contra las cuerdas, llevarle a sus rincones para hacerle reflexionar. Desacomodar. Reiniciar. Sentir. Asuntos que más que con el dinero, tienen que ver con nuestra paz interna.
Somos materia. Vivimos con la materia. Mejor hagamos las paces con nuestro deseo, necesidad capricho, ambición, y antojo. Estoy convencida que el reto de esta vida es lograr comprender la razón de la existencia de los accesorios materiales y su función en nuestras provocaciones. Por eso, hoy quiero recordarle que hay un antídoto para la cruda post-revisión de saldo: concentrarse en agradecer. Y cuando hablo de lo material, hablo de todo lo que se puede oler, gustar, tocar, ver, escuchar.
¿Recuerda el ejercicio que le dejé en mi columna pasada? Lo hice y vengo a platicarle lo que siento en este momento.
No se siente bien pensar que todo pasa por algo. No es suficiente. Me faltan razones.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún cuando me falte la explicación.
No se siente bien sufrir y decir que el tiempo lo cura todo. No me convence. Me falta justicia.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún cuando me falte ese eslabón en mi historia.
No se siente bien desear algo y no poder tenerlo. No me gusta. Me da coraje. Me da tristeza. Me frustra.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún desde la limitación.
No se siente bien perder lo que se ama. Duele.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún en las múltiples soledades.
Para aprender a agradecer, estoy aprendiendo a aceptar lo que siento. No a juzgar si estoy sintiendo lo que debería sentir o reprocharme por sentirlo, solo aceptar que sucede y que está aquí, conmigo.
Para aprender a agradecer, estoy negociando con mi psique reprogramándome sobre que esto no se trata de una transacción de oferta y demanda. Esto es una cosa unilateral, no negociable. Se agradece porque es un ritual personal y ya.
Cumplo 43 años el próximo fin de semana y me encuentro en un momento, tiempo y espacio muy diferente al que creí que iba a estar en este momento de mi historia. Pude haber tomado muchos otros caminos, pude haber decidido muchas otras cosas, pude haber elegido diferente. Me pude haber aferrado, gritado y peleado con todas mis fuerzas. Pude haber navegado en otros mares.
Le invito a que haga otro ejercicio conmigo en este momento. En lugar de agradecerle a alguien más (a Dios, a su familia, a su pareja, etc.) agradézcase a usted. Tome una respiración profunda y repita conmigo:
Me agradezco por haberme decepcionado por amor, por todas las veces que me rompieron el corazón.
Me agradezco el haberme equivocado cuando creí que era superior a los demás.
Me agradezco por haber enfrentado retos más grandes de los que podía resolver, me agradezco por haber sentido vergüenza, por la impotencia, por haber llorado de rodillas amargamente en el piso de un lugar desconocido sintiéndome desolada y derrotada sin una solución por delante.
Me agradezco por haber explotado, por haber atravesado el dolor, por haberme creído invencible, soberbia y egocéntrica… me agradezco por haberme detenido y rendido cuando debí haber seguido luchando. Me agradezco la osadía y por nunca haberme guardado ninguna lágrima y ninguna palabra.
Si yo no me agradeciera todo esto ¿en dónde quedaría todo ese poder personal obsequiado por el tiempo transcurrido y vivido? Al agradecerlo, lo pongo en mi cajón de cosas que quizá jamás voy a entender, perdonar o cambiar, pero que son parte de mi historia de vida y me sostienen pieza por pieza frente a mis nuevas y futuras provocaciones las cuales espero nunca me falten.
Sobre todo, me agradezco por siempre haber seguido mi corazón, porque es en el corazón dónde se guardan las mejores gracias dichas o calladas y un corazón agradecido siempre recibe recompensa. Se lo digo yo, una mujer en el mejor momento de su vida, rodeada de salud, amor y abundancia, llena de sueños… Durante toda mi vida me han dicho diva, creída y protagonista… quizá soy eso también, pero que les parece si le agregamos: diva, creída, protagonista y agradecida. Siempre agradecida. Y eso, siempre le salva el alma a una.
*La foto de portada es: “Agujero Negro” (Cygnus X-1), 2014. Del artista: Björn Dahlem. Instalación de madera, lámparas y objetos. 1800 x 1600 x 600 cm. Matadero Contemporary Art Center Madrid.
• Música para la semana: Sagittarius Season de mis listas de música personales.
• Si notas que algo está muy intenso es porque: ¡Se está acabando el 2023!
• Para hacerte sonreír: Girl Math (por aquello de la gastadera)
• Bonus: : les dejo mi tablero de Pinterest para ideas de decoración de cumpleaños.
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Erika Tamaura es gestora cultural, maestra, migrante y periodista cultural.
Podcaster en Capuccino Radio y blogger en Sobre las horas.
Impulsando la agencia cultural Node Point Us en la frontera sur de Estados Unidos.
Originaria de Ciudad Obregón, Sonora, México. Radica en Houston, Texas.
Erika Tamaura
Querer y luego ya no querer.
Lo mismo de siempre
Por Erika Tamaura
IG & X: @erikatamaura
Siempre quise ser esa chica emprendedora que viviría en los aeropuertos, saltando de un viaje a otro, tomando fotos para su cuenta de Pinterest buscando los ángulos de su computadora portátil junto a un vaso de café con la luz del sol amaneciendo por los enormes ventanales que dan a las pistas de despegue, (o aterrizaje… cómo usted guste ver) siempre lo deseé, lo busqué, lo trabajé, lo logré.

Mi idea era sencilla: ir por ahí presumiendo outfits de viajera, bolsas, maletas, porta-pasaportes, lentes de sol, audífonos y llegar a dar talleres a todos lados, viviendo la vida loca de una conferencista de aquí para allá, siendo famosa, durmiendo en hoteles y comiendo en diferentes restaurantes. Qué equivocada estaba y qué difícil es aceptar que las cosas no resultan a veces cómo uno las alucina. Es decir, uno nunca sabe lo que realmente pide.
Darme cuenta que una de las cosas que yo solicité a la vida (en este caso el hecho de estar viajando sin control) me confrontó con mi lista de peticiones que aún no se han cumplido y entonces me cuestioné profundamente lo que según yo quiero.
En mi ambición por pedir ser esa viajera y “tener” ese estilo de vida, no reparé en pensar en lo que habría alrededor de ese deseo: el costo físico y emocional, el cansancio, el tiempo comprometido, la soledad, la ansiedad por los proyectos, el desgaste energético de darse a personas desconocidas, el mal comer, la rutina no rutina, los gastos, no poder descansar cuando necesita, cuestionarse si lo que uno hace es importante para algo y si vale la pena la ausencia continua de los seres amados.
Todas las cosas que he querido en mi vida se me han concedido y creo que hasta este punto he podido tener el capital emocional para hacerles frente, recibirlas y encontrarles espacio en mi historia, y por supuesto que estoy muy agradecida ya sea con la suerte, el destino o el trabajo duro que las han traído hacia mí. Sin embargo, recientemente me he descubierto con menos tolerancia para recibir lo que según yo he querido y he logrado “manifestar”… No sé si sea la crisis de los 45, las hormonas o la húmedad de Houston, pero de repente me encuentro con un respeto excesivo hacia el asunto de querer y pedir.
¿Para qué quiero lo que quiero? ¿Realmente lo quiero? ¿Quiero quererlo?
Hay una sabiduría peculiar en dejar de querer… dicen que a eso hemos venido a este mundo: a aprender a dejar de querer cosas, lo cuál es casi imposible porque las sensaciones que nos provoca lo material y las metas logradas es parte de nuestra humanidad. No pretendo ser una conciencia elevada despegada de esta dimensión, pero cada día que pasa me pregunto para qué tengo lo que he querido y sobre todo, para qué quiero lo que quiero tener… ¿Qué voy hacer cuando esté a mi alcance? y la respuesta es abrumadora y me hace desear meterme debajo de las sábanas para no querer salir en una semana a la calle. Las cosas se nos dan para cumplir una misión con ellas, si no trabajas ese llamado las cosas se acumulan una sobre otra hasta que te roban oxígeno y te quiebran el espíritu; pero contestar esa misión también es agotador y complejo… entonces no hay salida, lo que queda es elegir entre fatigas. La fatiga de no querer y la fatiga de querer.
Bueno y es que para eso es la primavera, para salir del letargo y observar la vida que vuelve a surgir, para lidiar con las alergias y limpiar el clóset. La naturaleza retoma sus ciclos sin que le importe la lógica humana. Sin importarle si queremos o no queremos. Seguimos en movimiento y las estaciones nos marcan los días. Queramos estar aquí, queramos lo que se nos ha dado, queramos con cariño y con rendición. Queramos el querer las cosas están buscando también ser queridas.
Con amor,
Erika.
Crédito de foto: “Seamstress, Whit Sunday Morning” (1882), oil on canvas, 40 x 36 cm, Wenzel Tornøe, Randers Kunstmuseum, Randers, Denmark. Wikimedia Commons. Recuperado de la página “The Eclectic Light Company” https://eclecticlight.co/2020/06/29/asleep-in-the-painting-2-fatigue/
P.D. Les dejo esta playlist para el fin de semana con un guiño sobre algo lindo que estamos preparando mi comadre Gris y yo. https://open.spotify.com/playlist/0S2YxX7pL6Nens59CfhKZk?si=a51153ba147a4556
Erika Tamaura
Tripulación: diez mil pies.
Lo mismo de siempre Por Erika Tamaura IG& X: @erikatamaura
“Don’t be afraid of your fears. They’re not there to scare you.
They’re there to let you know that something is worth it.”
― C. JoyBell C.
2025 se sintió como un interminable proceso de viaje desde mi experiencia personal… metafórica y literalmente. Sobre todo la segunda parte del año. Al lado de mi cama estuvieron siempre mi maleta de mano y mi mochila listas para el siguiente vuelo. Casi, casi, logré tener un sistema de empaque a prueba de error basado en la logística de agenda de un rango de tiempo integrado por cuatro días: uno para viajar de ida, tres para hacer lo que tenía que hacer y el día del viaje de vuelta a casa.
En los polos de ida y vuelta de mis viajes, se escuchaba al capitán del avión indicar como un mantra la siguiente frase: “Tripulación: diez mil pies”. He viajado de forma regular desde que estaba chamaca, pero habrá sido la rutina o la automatización que he sentido instalada en mis huesos recientemente que pude percatarme de esa indicación en cada viaje. Soy de las personas que se persignan cuando el avión despega y aterriza… No sé si lo hago porque realmente creo que hay una fuerza externa que haría que al avión no le pasase nada, o porque así me enseñaron a hacerlo desde chiquita. Lo hago como un pequeño ritual personal y aparte cargo un rosario de collar. Elevarse del suelo y volverlo a tocar implica para mí el hacer gestos con las manos y agarrarme de algún amuleto.
“Diez mil pies” es un protocolo de seguridad de viaje en avión que indica que al momento de iniciar el vuelo, debes esperar a llegar a esa altitud para poder relajar tu atención. Mientras no lleguemos a los diez mil pies, todos los pasajeros y la tripulación de la aeronave debemos mantenernos en estado de alerta. Si buscas en Google: “diez mil pies”, dirá que es un punto crucial dónde se prohiben conversaciones y actividades no esenciales o innecesarias que puedan distraer la operación del piloto, siendo una norma de seguridad vital. Y lo mismo aplica para cuando se inicia el proceso de aterrizaje. La barrera de los diez mil pies indica que uno no puede portarse igual que siempre, implica entrar en un protocolo de protección comunitaria, por el bien de todos.
2025 fue mi propia barrera de los diez mil pies.
Alcanzar la altura necesaria para que sea seguro desabrocharte el cinturón de seguridad y relajar la postura, incluso comer o tomarte algo durante el viaje, pinta totalmente como mi próximo 2026, pero quiero contarles primero sobre mi estado de alerta previa para poder estar más en control de la situación.
Este año significó para mí aceptar honestamente que crecer y madurar duele. Asusta. Pero también te da una autoridad extraña para ser feliz, incluso más que cuando tienes la ignorancia de la juventud. Este proceso de aceptación profunda, lo viví como un trance en el cuál necesité escuchar de otros que ya habían cruzado esa barrera de los diez mil pies porque lo desconocido se siente también como ansiedad y parálisis. Llegas a un punto dónde no puedes ver pero tienes que confiar. El salto para cruzar esa barrera de altitud se siente en tu presión arterial, se te tapan los oídos y el oxígeno es un tema.
Mi protocolo de seguridad edición 2025 me obligó a confiar más en mí misma y en mis instintos cómo requisito para poder pasar esa barrera. A la par, si necesitaba desplomarme lo hacía; tumbarme a llorar por miedo, lo hacía; petrificarme por dudar de mis capacidades, lo hacía; perderme en la melancolía de mis errores, lo hacía; hablarle a mi familia y amigas para pedir apoyo, lo hacía; tomarme los descansos necesarios para reponer energías, lo hacía; dejar ir el control de las cosas… apenas ando en eso, pero lo estoy intentando.
La frontera de los diez mil pies indica entrar en una fase estable o bien, dejarla para iniciar el proceso de aterrizaje. Platicaba con mi tío Edmundo mientras escribía esta columna cuando solo tenía el título en la pantalla y me contaba cómo él interpretaba la metáfora de los diez mil pies. “Es como cuando inicias la fase productiva de tu vida, las oportunidades, lo que deseas hacer sin nada que te limite, pero también, que todo se termina y el aviso también indica que hay que iniciar a cerrar el proceso productivo con todo lo que se aprovecho de tu vuelo”. También hicimos una pequeña nota sobre que a veces, hay personas diez mil pies, gente que te limita o no te deja alcanzar la altura adecuada para desarrollarte. Mi tío fue una energía clave en este proceso personal de mis diez mil pies, fue él quién en una llamada por teléfono de esas en las que sientes que no puedes respirar y que sacas todo el temor que traes dentro, que escuché las palabras que necesitaba y que me ayudaron a cruzar mi propia barrera de los diez mil pies. Gracias tío.
2025 pudo haber sido un año como cualquier otro para algunos o un huracán para otros, pero si tuviese que elegir una palabra para recordarlo, yo elegiría: “altitud”, con todo lo que eso conlleva.
Deseo que su barrera de los diez mil pies sea un proceso de reconocimiento y coraje sobre su propia expansión y conciencia de los límites que nos ayudan a crecer cuidando de uno y de los demás.
Feliz 2026. Feliz vuelo.
Con amor,
-Erika.
Crédito de foto tomada del sitio Hyperallergic.
Un grupo de 15 de artistas y activistas de diferentes disciplinas lanzaron aviones de papel dentro del museo Guggenheim hechos de volantes en apoyo Ucrania con un código QR para contribuir a la causa.
Erika Tamaura
Invitan a curso gratuito de “Gestión Cultural 1:1” impartido por Erika Tamaura
Como parte de la serie de cursos de capacitación en gestión cultural organizados por elInstituto Sonorense de Cultura con el apoyo del programa de Apoyo a las Instituciones Estatales de Cultura (AIEC) de la Dirección General de Vinculación Cultural de la Secretaría de México, se invita a la comunidad de Hermosillo, Sonora a participaren el curso gratuito “Gestión Cultural 1:1” impartido por la Maestra Erika Tamaura, dirigido a estudiantes, promotores, gestores, creativos, artistas, agentes culturales y personas de la comunidad interesadas en el tema. Con y sin proyectos.
Con y sin experiencia previa en gestión cultural el objetivo del curso es capacitar a integrantes de la comunidad sonorense interesados en la vida sociocultural de su localidad a través de la sensibilización, reflexión, análisis y práctica sobre elementos y herramientas básicas de la gestión cultural que contribuyan a potenciar ideas de proyectos artístico-culturales en su territorio para fortalecer a las comunidades en las que se desarrollan.
El curso se llevará a a cabo en el Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora el jueves 27 y viernes 28 de noviembre en horario de 3:00 a 8:00 de la tarde, y el sábado 29 de noviembre de 9:00 de la mañana a 2:00 de la tarde. La inscripción es gratuita y abierta al correocapacitación@isc.gob.mx y al WhatsApp 662-449-9740.
Erika Tamaura es gestora cultural, educadora, migrante y periodista cultural. Fue Coordinadora del Departamento de Extensión de la Cultura del Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON) de 2006 a 2019.
Ha sido beneficiaria del Programa de Estímulo a laCreación y Desarrollo Artístico del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora(PECDA-FECAS) 2017-2018 en el rubro de Investigación Artística-Literatura-Periodismo Cultural con el proyecto: “Transiciones y oportunidades para el Periodismo Cultural en Sonora”. Recientemente diseñó la guía:
“Susceptible LAB, Laboratorio deReflexión para Proyectos” para el Sistema de Apoyos a la Creación y ProyectosCulturales (SACPC) e Instituto Sonorense de Cultura (ISC) en 2023.
Actualmente dirigela agencia de gestión cultural “Node Point US” en Houston, Texas y es colaboradora de Transit Projects de Barcelona, España, socia del proyecto SURES para residencias internacionales para gestores culturales desde la Frontera Sur de Estados Unidos.

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