Erika Tamaura
Los nuevos setenta: the new power house. Apuntes sobre The Devil Wears Prada 2
Lo mismo de siempre
Por Erika Tamaura
IG & X: @erikatamaura
Envejecer es un tema común en cualquier tiempo y en los libros de historia. Pero envejecer en la industria de la moda es una condena, o más bien, lo era. Meryl Streep se ha encargado de decir en sus recientes entrevistas que The Devil Wears Prada era una película “Chick Flick”, lo cuál se refiere a algo que está dirigido específicamente a la audiencia femenina, usando temas relacionados con amor, romance, éxito, autoestima entre otros tantos que nos “interesan más” a las mujeres y el término se usa de manera casi despectiva dejando ver que esa clasificación en especial por ser para mujeres, denota algo frívolo y banal.
Hasta que Meryl Streep fue Miranda Priestly y esa película dejó de ser de zapatos, vestidos y tipos de cuerpos.
La primera vez que ví The Devil Wears Prada fue en el avión en mi premiere cruzando el atlántico en un viaje a Barcelona rumbo a clases presenciales de mi maestría. Yo tenía 24 años y toda la sed de triunfo que, mezclada con el nacimiento de las redes sociales y en el umbral de la llegada al mundo del Iphone, el impacto en mí fue tan profundo en el tema de la ambición, la aspiración y mi manía por el café del Starbucks que desde ese momento me consideré parte de ese universo.
Hay una generación de mujeres que somos producto de veinte años del nacimiento, climax y declive del movimiento “Girl Boss”. Esas mujeres tenemos ahora cuarenta años, rumbo a los cincuenta y los aprendizajes que esa era marcó en nosotras, tienen dos audiencias: las que creen que Miranda Priestly era una jefa despiadada, con ambición desmedida, con estándares imposibles y las que consideran que el verdadero villano siempre fue Nate, el novio de Andy que convertía sus sándwiches de queso en juicios morales. “I wouldn´t care if you were out there pole-dancing as long as you did it with a little integrity”.
El fenómeno de The Devil Wears Prada tiene muchos temas de los cuáles se pueden debatir con diferentes puntos de vista como por ejemplo desde la economía, el capitalismo, la moda, el feminismo, la psicología, el marketing, el liderazgo, los recursos humanos, etc. Para efectos de esta columna voy a elegir solo uno, basándome en la portada de Vogue de Anna Wintour y Meryl Streep.
En la portada se muestra a ambas mujeres de 76 años, fotografiadas por Annie Leibovitz también de 76 años y vestidas por Grace Coddington de 84 años. Es la primera vez que Wintour aparece en la portada de la revista que ha editado por 40 años y al lado de la actriz que representa una versión inspirada en ella en una película que tuvo muy bajo presupuesto para su producción en 2006 y en la cual nadie quería participar apoyándola debido a que la industria no quería enemistarse ni de broma con Anna, una mujer que representaba una voz indiscutible en los hilos de la moda sobre todo cuando hace veinte años la industria de la moda aún era lo que era. Esta portada, llega en un momento de rebranding silencioso para la revista de la mano de su nueva editora: Chloe Malle, quién también se había desempeñado en el mismo departamento de Vogue al cual llega el personaje de Anna Hathaway en la secuela… guiño, guiño.
Veinte años después, Mercedes Benz ha sacado un modelo en honor a la película, con placas que dicen: “That’s all”, por señalar el menor gesto en la marea de las demás marcas queriendo ser parte de la cultura que representa una película que pone al centro a un personaje como Miranda Priestley.
Esta película dejó de ser de zapatos, vestidos y tipos de cuerpos cuando Meryl aparece en la escena de la sala de un hotel de Paris sin maquillaje y con los ojos hinchados por llorar al haber colgado el teléfono con su segundo esposo quién le ha pedido el divorcio. “Career-obsessed snow queen drives away another Mr. Priestley”.
Lo que ha significado esta película fuera de la pantalla va más allá de hablar sobre casas de moda, diseñadores y la utopía de Nueva York. Desde mi punto de vista estamos ante el proceso de consolidación de una poderosa narrativa sobre el nuevo paradigma de envejecer en un mundo que cambia de modelo de Iphone cada año.
Esta película dejó de ser sobre zapatos, vestidos y tipos de cuerpos cuando Meryl Streep sentada en el set de Stephen Colbert usó el famoso suéter de color cerúleo del personaje de Andy mientras hablaba sobre “The Save Act” que prohibiría la votación en Estados Unidos este próximo noviembre a millones de mujeres que llevan el apellido de su esposo, diferente a su nombre de solteras, cerrando su entrevista diciendo (con esa voz que para el mundo ya jamás será de ella solamente sino también de Miranda) que las mujeres, necesitaban ser escuchadas… especialmente ahora.
Con amor,
Erika.

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Crédito de foto: Vista desde el escritorio en la oficina en Vogue de Anna Wintour, mientras sale de la habitación, año 2000. Getty Images.
P.D. Te recomiendo el segundo episodio de “Entre Equinoccios” un podcast idea original de mi comadre Griselda Robles, en cual platicamos sobre la manera en que estamos habitando nuestros 45-46 años y nuestra negación natural rumbo a nuestra quinta década de vida. Es una producción de Capuccino Radio con música original de Jorge Seldner y se estrena cada 21 de mes. Te dejo el enlace: https://open.spotify.com/episode/1meocH3leW9ISWChcucMx7?si=EhreH91cSy-UGEfhrwKCmg
P.D.2 Quiero agradecer y reconocer a mi marido que ha tenido que escuchar varias veces en la casa la repetición de la primera película de The Devil Wears Prada cómo si fuera rezo de rosario, así como cada avance y entrevista que lo siento a ver una y otra vez como si se tratara de la primera vez mientras me dice muy pacientemente que: “ya lo vimos”. Gracias porque él es quién ha tenido que escuchar mis pensamientos en voz alta cuando se trata de hacerle la lista diaria de cada nuevo movimiento de marketing que sucede en torno a la película y que compró boletos para la premiere para este 29 de abril desde hace meses.
P.D.3 El siguiente artículo: “Las mujeres mayores toman el mundo de la moda” en The New York Times es lectura obligada.
https://www.nytimes.com/es/2026/04/21/espanol/cultura/moda-mujeres-mayores.html
Erika Tamaura
Querer y luego ya no querer.
Lo mismo de siempre
Por Erika Tamaura
IG & X: @erikatamaura
Siempre quise ser esa chica emprendedora que viviría en los aeropuertos, saltando de un viaje a otro, tomando fotos para su cuenta de Pinterest buscando los ángulos de su computadora portátil junto a un vaso de café con la luz del sol amaneciendo por los enormes ventanales que dan a las pistas de despegue, (o aterrizaje… cómo usted guste ver) siempre lo deseé, lo busqué, lo trabajé, lo logré.

Mi idea era sencilla: ir por ahí presumiendo outfits de viajera, bolsas, maletas, porta-pasaportes, lentes de sol, audífonos y llegar a dar talleres a todos lados, viviendo la vida loca de una conferencista de aquí para allá, siendo famosa, durmiendo en hoteles y comiendo en diferentes restaurantes. Qué equivocada estaba y qué difícil es aceptar que las cosas no resultan a veces cómo uno las alucina. Es decir, uno nunca sabe lo que realmente pide.
Darme cuenta que una de las cosas que yo solicité a la vida (en este caso el hecho de estar viajando sin control) me confrontó con mi lista de peticiones que aún no se han cumplido y entonces me cuestioné profundamente lo que según yo quiero.
En mi ambición por pedir ser esa viajera y “tener” ese estilo de vida, no reparé en pensar en lo que habría alrededor de ese deseo: el costo físico y emocional, el cansancio, el tiempo comprometido, la soledad, la ansiedad por los proyectos, el desgaste energético de darse a personas desconocidas, el mal comer, la rutina no rutina, los gastos, no poder descansar cuando necesita, cuestionarse si lo que uno hace es importante para algo y si vale la pena la ausencia continua de los seres amados.
Todas las cosas que he querido en mi vida se me han concedido y creo que hasta este punto he podido tener el capital emocional para hacerles frente, recibirlas y encontrarles espacio en mi historia, y por supuesto que estoy muy agradecida ya sea con la suerte, el destino o el trabajo duro que las han traído hacia mí. Sin embargo, recientemente me he descubierto con menos tolerancia para recibir lo que según yo he querido y he logrado “manifestar”… No sé si sea la crisis de los 45, las hormonas o la húmedad de Houston, pero de repente me encuentro con un respeto excesivo hacia el asunto de querer y pedir.
¿Para qué quiero lo que quiero? ¿Realmente lo quiero? ¿Quiero quererlo?
Hay una sabiduría peculiar en dejar de querer… dicen que a eso hemos venido a este mundo: a aprender a dejar de querer cosas, lo cuál es casi imposible porque las sensaciones que nos provoca lo material y las metas logradas es parte de nuestra humanidad. No pretendo ser una conciencia elevada despegada de esta dimensión, pero cada día que pasa me pregunto para qué tengo lo que he querido y sobre todo, para qué quiero lo que quiero tener… ¿Qué voy hacer cuando esté a mi alcance? y la respuesta es abrumadora y me hace desear meterme debajo de las sábanas para no querer salir en una semana a la calle. Las cosas se nos dan para cumplir una misión con ellas, si no trabajas ese llamado las cosas se acumulan una sobre otra hasta que te roban oxígeno y te quiebran el espíritu; pero contestar esa misión también es agotador y complejo… entonces no hay salida, lo que queda es elegir entre fatigas. La fatiga de no querer y la fatiga de querer.
Bueno y es que para eso es la primavera, para salir del letargo y observar la vida que vuelve a surgir, para lidiar con las alergias y limpiar el clóset. La naturaleza retoma sus ciclos sin que le importe la lógica humana. Sin importarle si queremos o no queremos. Seguimos en movimiento y las estaciones nos marcan los días. Queramos estar aquí, queramos lo que se nos ha dado, queramos con cariño y con rendición. Queramos el querer las cosas están buscando también ser queridas.
Con amor,
Erika.
Crédito de foto: “Seamstress, Whit Sunday Morning” (1882), oil on canvas, 40 x 36 cm, Wenzel Tornøe, Randers Kunstmuseum, Randers, Denmark. Wikimedia Commons. Recuperado de la página “The Eclectic Light Company” https://eclecticlight.co/2020/06/29/asleep-in-the-painting-2-fatigue/
P.D. Les dejo esta playlist para el fin de semana con un guiño sobre algo lindo que estamos preparando mi comadre Gris y yo. https://open.spotify.com/playlist/0S2YxX7pL6Nens59CfhKZk?si=a51153ba147a4556
Erika Tamaura
Tripulación: diez mil pies.
Lo mismo de siempre Por Erika Tamaura IG& X: @erikatamaura
“Don’t be afraid of your fears. They’re not there to scare you.
They’re there to let you know that something is worth it.”
― C. JoyBell C.
2025 se sintió como un interminable proceso de viaje desde mi experiencia personal… metafórica y literalmente. Sobre todo la segunda parte del año. Al lado de mi cama estuvieron siempre mi maleta de mano y mi mochila listas para el siguiente vuelo. Casi, casi, logré tener un sistema de empaque a prueba de error basado en la logística de agenda de un rango de tiempo integrado por cuatro días: uno para viajar de ida, tres para hacer lo que tenía que hacer y el día del viaje de vuelta a casa.
En los polos de ida y vuelta de mis viajes, se escuchaba al capitán del avión indicar como un mantra la siguiente frase: “Tripulación: diez mil pies”. He viajado de forma regular desde que estaba chamaca, pero habrá sido la rutina o la automatización que he sentido instalada en mis huesos recientemente que pude percatarme de esa indicación en cada viaje. Soy de las personas que se persignan cuando el avión despega y aterriza… No sé si lo hago porque realmente creo que hay una fuerza externa que haría que al avión no le pasase nada, o porque así me enseñaron a hacerlo desde chiquita. Lo hago como un pequeño ritual personal y aparte cargo un rosario de collar. Elevarse del suelo y volverlo a tocar implica para mí el hacer gestos con las manos y agarrarme de algún amuleto.
“Diez mil pies” es un protocolo de seguridad de viaje en avión que indica que al momento de iniciar el vuelo, debes esperar a llegar a esa altitud para poder relajar tu atención. Mientras no lleguemos a los diez mil pies, todos los pasajeros y la tripulación de la aeronave debemos mantenernos en estado de alerta. Si buscas en Google: “diez mil pies”, dirá que es un punto crucial dónde se prohiben conversaciones y actividades no esenciales o innecesarias que puedan distraer la operación del piloto, siendo una norma de seguridad vital. Y lo mismo aplica para cuando se inicia el proceso de aterrizaje. La barrera de los diez mil pies indica que uno no puede portarse igual que siempre, implica entrar en un protocolo de protección comunitaria, por el bien de todos.
2025 fue mi propia barrera de los diez mil pies.
Alcanzar la altura necesaria para que sea seguro desabrocharte el cinturón de seguridad y relajar la postura, incluso comer o tomarte algo durante el viaje, pinta totalmente como mi próximo 2026, pero quiero contarles primero sobre mi estado de alerta previa para poder estar más en control de la situación.
Este año significó para mí aceptar honestamente que crecer y madurar duele. Asusta. Pero también te da una autoridad extraña para ser feliz, incluso más que cuando tienes la ignorancia de la juventud. Este proceso de aceptación profunda, lo viví como un trance en el cuál necesité escuchar de otros que ya habían cruzado esa barrera de los diez mil pies porque lo desconocido se siente también como ansiedad y parálisis. Llegas a un punto dónde no puedes ver pero tienes que confiar. El salto para cruzar esa barrera de altitud se siente en tu presión arterial, se te tapan los oídos y el oxígeno es un tema.
Mi protocolo de seguridad edición 2025 me obligó a confiar más en mí misma y en mis instintos cómo requisito para poder pasar esa barrera. A la par, si necesitaba desplomarme lo hacía; tumbarme a llorar por miedo, lo hacía; petrificarme por dudar de mis capacidades, lo hacía; perderme en la melancolía de mis errores, lo hacía; hablarle a mi familia y amigas para pedir apoyo, lo hacía; tomarme los descansos necesarios para reponer energías, lo hacía; dejar ir el control de las cosas… apenas ando en eso, pero lo estoy intentando.
La frontera de los diez mil pies indica entrar en una fase estable o bien, dejarla para iniciar el proceso de aterrizaje. Platicaba con mi tío Edmundo mientras escribía esta columna cuando solo tenía el título en la pantalla y me contaba cómo él interpretaba la metáfora de los diez mil pies. “Es como cuando inicias la fase productiva de tu vida, las oportunidades, lo que deseas hacer sin nada que te limite, pero también, que todo se termina y el aviso también indica que hay que iniciar a cerrar el proceso productivo con todo lo que se aprovecho de tu vuelo”. También hicimos una pequeña nota sobre que a veces, hay personas diez mil pies, gente que te limita o no te deja alcanzar la altura adecuada para desarrollarte. Mi tío fue una energía clave en este proceso personal de mis diez mil pies, fue él quién en una llamada por teléfono de esas en las que sientes que no puedes respirar y que sacas todo el temor que traes dentro, que escuché las palabras que necesitaba y que me ayudaron a cruzar mi propia barrera de los diez mil pies. Gracias tío.
2025 pudo haber sido un año como cualquier otro para algunos o un huracán para otros, pero si tuviese que elegir una palabra para recordarlo, yo elegiría: “altitud”, con todo lo que eso conlleva.
Deseo que su barrera de los diez mil pies sea un proceso de reconocimiento y coraje sobre su propia expansión y conciencia de los límites que nos ayudan a crecer cuidando de uno y de los demás.
Feliz 2026. Feliz vuelo.
Con amor,
-Erika.
Crédito de foto tomada del sitio Hyperallergic.
Un grupo de 15 de artistas y activistas de diferentes disciplinas lanzaron aviones de papel dentro del museo Guggenheim hechos de volantes en apoyo Ucrania con un código QR para contribuir a la causa.
Erika Tamaura
Invitan a curso gratuito de “Gestión Cultural 1:1” impartido por Erika Tamaura
Como parte de la serie de cursos de capacitación en gestión cultural organizados por elInstituto Sonorense de Cultura con el apoyo del programa de Apoyo a las Instituciones Estatales de Cultura (AIEC) de la Dirección General de Vinculación Cultural de la Secretaría de México, se invita a la comunidad de Hermosillo, Sonora a participaren el curso gratuito “Gestión Cultural 1:1” impartido por la Maestra Erika Tamaura, dirigido a estudiantes, promotores, gestores, creativos, artistas, agentes culturales y personas de la comunidad interesadas en el tema. Con y sin proyectos.
Con y sin experiencia previa en gestión cultural el objetivo del curso es capacitar a integrantes de la comunidad sonorense interesados en la vida sociocultural de su localidad a través de la sensibilización, reflexión, análisis y práctica sobre elementos y herramientas básicas de la gestión cultural que contribuyan a potenciar ideas de proyectos artístico-culturales en su territorio para fortalecer a las comunidades en las que se desarrollan.
El curso se llevará a a cabo en el Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora el jueves 27 y viernes 28 de noviembre en horario de 3:00 a 8:00 de la tarde, y el sábado 29 de noviembre de 9:00 de la mañana a 2:00 de la tarde. La inscripción es gratuita y abierta al correocapacitación@isc.gob.mx y al WhatsApp 662-449-9740.
Erika Tamaura es gestora cultural, educadora, migrante y periodista cultural. Fue Coordinadora del Departamento de Extensión de la Cultura del Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON) de 2006 a 2019.
Ha sido beneficiaria del Programa de Estímulo a laCreación y Desarrollo Artístico del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora(PECDA-FECAS) 2017-2018 en el rubro de Investigación Artística-Literatura-Periodismo Cultural con el proyecto: “Transiciones y oportunidades para el Periodismo Cultural en Sonora”. Recientemente diseñó la guía:
“Susceptible LAB, Laboratorio deReflexión para Proyectos” para el Sistema de Apoyos a la Creación y ProyectosCulturales (SACPC) e Instituto Sonorense de Cultura (ISC) en 2023.
Actualmente dirigela agencia de gestión cultural “Node Point US” en Houston, Texas y es colaboradora de Transit Projects de Barcelona, España, socia del proyecto SURES para residencias internacionales para gestores culturales desde la Frontera Sur de Estados Unidos.

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