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Marilú, "La Muñequita" que sigue cantando a sus 92 años

Ciudad de México; 7 de noviembre de 2019.- A lo lejos se escucha música clásica mientras que una treintena de fotografías en blanco y negro, colgadas en la pared, dan la bienvenida al baúl de los recuerdos, a su etapa de niña, pero también de su juventud, a la época de grandes glorias.

 

Al fondo, en un rincón de la sala y meciéndose en un sillón reclinable, se encuentra Marilú, “La Muñequita que Canta”, quien a sus 92 años se define en entrevista con Notimex como una mujer feliz a la que ya no le hace falta nada, “todo lo he hecho y todo lo he tenido”.

 

Suma 80 años de trayectoria artística. Grabó temas de los compositores más sobresalientes de México, cantó en los más grandes escenarios y trabajó con las máximas estrellas de la música y el cine nacional.

 

“Mi carrera es una bendición de Dios. Hoy no pido trabajo, pero me buscan hasta que me encuentran y me contratan. No les voy a decir cuánto, pero casi nunca cobro caro. Es un orgullo seguir trabajando a esta edad”, expresa Marilú.

 

Tiene 92 años y una lucidez envidiable. “Dicen que no se me notan, pero ya me los voy a empezar a quitar”, comenta con gran sentido del humor, característica que, dice, es su bandera de salud, pues asegura que nada le duele y de nada está enferma.

 

Todos los días se levanta a las 9 de la mañana y duerme, a más tardar, a las 11 de la noche. No tiene vicios, el alcohol nunca le gustó, pero lo que sí le fascina es desayunar huevos rancheros. Le encanta el agua de melón, admite que camina poco y siempre procura leer.

 

“Me gusta leer biografías de gente interesante, ahorita estoy concentrada en la historia de México y me parece fascinante. Además de cantar, estudié italiano, francés e inglés. Actualmente tomo clases de piano y de vez en cuando me voy a nadar”, platica.

Inició su carrera a los 11 años

Marina Herrera Aragón, como es su nombre real, nació en Cárdenas, San Luis Potosí, el 18 de julio de 1927. Inició su carrera cuando en 1939 ganó un concurso de canto y gracias a su talento, la integraron a la compañía de Paco Miller, con la que recorrió varias ciudades de México.

 

“Yo tenía 11 años, me citaron un martes por la mañana para participar en el concurso y gracias a que siempre les cantaba, la maestra me dejó salir antes de la clase. Después me contrataron y mi mamá me acompañó durante toda la gira, la primera ciudad que visitamos fue Monterrey, en el Teatro Regis”.

 

Sin embargo, sus compañeros de la compañía comenzaron a ser groseros con ellos, la hacían a un lado y decidió salir. Dos años después participó en la película La liga de las canciones (1941), con Mapy Cortés y Blanca Estela Pavón. También cantó en el Teatro Lírico y el Teatro Follies.

 

Su madre, quien tenía voz de soprano, pero nunca ejerció profesionalmente, siempre la apoyó en su carrera como cantante, sobre todo tras la muerte de su padre, pues Marilú tenía que contribuir con los gastos del hogar. En casa sólo vivían ella y su mamá, porque sus cinco hermanas ya se habían ido.

 

“Perdí a mi papá cuando tenía cinco años y mi mamá no se volvió a casar. Ella cosía, era modista y se ayudaba con eso, así como vendiendo comida, pues guisaba riquísimo. El dinero que yo ganaba lo invertía en sobrevivir porque me pagaban muy poquito, ya con que tuviera trabajo era suficiente, sobre todo porque no era conocida”.

La anécdota con Libertad Lamarque

Al interpretar boleros, tangos, fox trot, rumba y vals, en algún momento de su carrera le tocó cantar junto a Libertad Lamarque. De ella guarda grandes recuerdos, pero es uno el que atesora más y que echó abajo los rumores de que la argentina era una mujer coda.

 

“Estábamos en el Teatro Tívoli y en uno de los días que terminaba su contrato, mandó traer una canasta de dulces. A cada uno de los artistas nos dio un regalo”, recuerda la intérprete de éxitos como Me acordaré de tiTe equivocas y Consentida.

 

Cerquita del estéreo donde todos los días escucha música, relata que su primer disco lo grabó en la Peerless. No tiene claro el año que fue, “la memoria me falla”, asegura, pero sí recuerda que eran temas de grandes compositores. Su primer éxito fue Veleidad, en 1952, y con el que obtuvo récord de ventas.

 

“Preferí a Gonzalo Curiel, quien era mi rey, mientras que de Gabriel Ruiz fui su intérprete en la XEW. Agustín Lara era el que más éxito tenía, el que mejor se vendía, pero también el que no sabía leer música. Otro que me gustaba era Alfredo Núñez de Borbón”, dice la artista que hoy es admiradora de Alejandro Fernández, Luis Miguel y Eugenia León.

 

Más tarde cantó zarzuela con una compañía, y aunque tenían mucho éxito, la realidad es que no le gustaba este género, prefería los boleros. Era un México en el que no había televisión, señala, sólo había teatro y cine. Al que corría con suerte, le llamaban para hacer películas.

 

Marilú, quien para entonces contaba entre sus amigos a Óscar Pulido, Fernando Fernández y Marco Antonio Campos “Viruta”, platicó que el mote de “La Muñequita que Canta”, se lo puso un locutor, a modo de broma. “Él presentaba a Lupita Torrentera como ‘La Muñequita que Baila’ y a mí como ‘La Muñequita que Canta’, luego decía: ‘Se despide de ustedes el rorro que anuncia’”.

Los amores de "La Muñequita"

La cantante observa con detenimiento las obras que creó su esposo, el caricaturista David Carrillo, y quien falleció en diciembre de 2015. Lo recuerda con amor, pero también con tristeza, pues lo extraña mucho. Estuvieron casados durante 42 años y tuvieron una hija, Gabriela Carrillo.

 

“Además de simpatiquísimo, fue un gran hombre, me saqué la lotería con él”, asegura mientras recuerda que antes contrajo nupcias con Antonio Azuela, relación que dio como fruto el nacimiento de su hija Marina Azuela, quien siempre está al pendiente de que nada le falte.

 

Pero ellos no fueron sus únicas parejas sentimentales, “tuve muchos novios”, asegura entre risas. El primero fue un chico guapo y decente. No recuerda su nombre, pero sí que duraron muy poco debido a que su familia, dueña de una papelería famosa, no aprobaba que anduviera con una artista.

 

El periodista Jacobo Zabludovsky también fue su novio. Lo conoció en la XEX y terminaron luego de percibirlo frío a su lado y descubrir que andaba con otra mujer. “Yo sí estaba enamorada de él, pero no le volví a hablar. Cuando vi eso, dije: ‘Con permiso’”.

 

“Él también me negaba, pues en esa época se creía que las mujeres éramos ya sabrá usted qué y los hombres maricones. A mí no me importaba porque nunca fui nada de eso, yo venía de una familia humilde, pero mi mamá me decía lo que no debía hacer, yo tenía principios y no andaba de loca, pero eso sí, era noviera”.

El día en que Pedro Infante la llevó a su casa

También fue amiga de Pedro Infante. Un día lo topó a él y a sus hermanos en un pueblo cercano a la Ciudad de México. Le dijo que no tenía cómo regresarse a casa ella y su hermana, y le respondió: “Muñequita, nosotros te llevamos”.

 

“Me pidió que me fuera con él adelante porque sus hermanos se quedaban dormidos y no quería dormirse también. Las veces que nos veíamos siempre fue con respeto, nunca se me lanzó. Lo cierto es que él no se le lanzaba a nadie, todas se le lanzaban a él. Era un tipazo, decente, simpatiquísimo, buen artista y lindo”.

 

Marilú participó en 12 películas, entre ellas, Los hijos de Don Venancio, con Joaquín Pardavé y Sara García, así como Los nietos de don Venancio. Actuar no fue su vocación ni su gusto total, pero lo hizo porque en aquella época le cambiaba la voz y no era lo ideal para cantar.

 

Ha grabado más de 30 discos y ha sido dirigida por las orquestas de José Sabre Marroquín, Chucho Ferrer, Alfredo Núñez de Borbón, Gabriel Ruiz y Agustín Lara. Durante las giras de trabajo viajó a países de América, Sudamérica y Europa.

 

En 2018, como parte de la celebración por el aniversario número 66 del Museo Regional Potosino del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se le homenajeó por su trayectoria. Ese año, la Fonoteca Nacional también le rindió tributo y estrenó el documental Recuerdos cantados. Marilú, La Muñequita que Canta, una producción de Carolina Kerlow y Sergio de la Rosa.

 

“Recordar mi vida me hace feliz porque, aunque no me lo crean, soy inmensamente feliz. Llevo una vida tranquila, hago lo que me gusta. Tengo dos hijas preciosas, dos nietos que viven en Estados Unidos, dos hijos (Elvira y David) que quiero como si fueran míos y no me falta nada, Dios me quiere mucho”, concluye.