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Erika Tamaura

Cargar con lo que no nos corresponde

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Lo mismo de siempre.
Por Erika Tamaura (@erikatamaura en Twitter)

El libro: “We, a manifesto for women everywhere” de Gillian Anderson y Jennifer Nadel propone 9 principios para inspirar procesos de sanación en las mujeres: Honestidad, aceptación, valentía, confianza, humildad, paz, amor, alegría y bondad.

El capítulo sobre la honestidad plantea, entre varias cosas, que nuestros genes tienen memoria y que no solo cargamos en nuestro ser con la información de nuestra propia existencia, sino con mensajes y ordenes codificadas heredadas a través de la historia de nuestro linaje. Esto propone que no solo cargamos con nuestro propio peso emocional, si no también con emociones que no nos corresponden. Por lo tanto, el primer paso para iniciar un proceso de sanación/liberación sería reconocer que hay cosas que creemos son nuestras, pero no es verdad. Ser honestas significaría entonces decir en voz alta: “estos complejos, este dolor, esta responsabilidad, este peso no me pertenece. No tengo por que cargarlo más.”

En el caso de la mujer, esto se convierte en un sistema particularmente autodestructivo. Estamos entrenadas para abrazar las imposiciones históricas de nuestra familia o comunidad y se convierten en toneladas de piedras en nuestros corazones y como nos han hecho creer que sentirse así está bien, que sufrir de a gratis está bien, nos jugamos competencias a ver quién tiene la vida más miserable y el día que no hay más drama que vivir, cuando experimentamos un pequeño guiño de paz o liberación, sentimos que algo no está en su lugar o que nada tiene sentido ya.  

Seamos honestas con nosotras mismas y soltemos el peso de nuestra historia (propia y colateral). Comencemos a hablarnos frente al espejo con la verdad y frente a otros. Hay un efecto que yo he experimentado sobre esto de cargar con cosas que no son de una y se llama: “over-nurturing”, que hace referencia a cuando das demasiado que terminas ahogando. Así como cuando a la plantita se le pone más agua de la que ocupa y se muere. Así  mismo.

Somos cuidadoras, dadoras, sanadoras… ¿cómo no vamos a dar demasiado si somos demasiado? Bueno, a continuación voy a compartir varios puntos que acabo de leer en la revista Psychology Today de un artículo por David Bredehoft y le invito a que conteste con honestidad, para saber si está dando demasiado. Aquí vamos.

La mayoría del tiempo usted…

  1. Está involucrada EN TODAS las actividades de sus seres queridos.
  2. Le da demasiada atención a los demás.
  3. Anticipa lo que los demás necesitan y lo provee para ellos.  
  4. Se asegura que los demás estén siempre a gusto y entretenidos.
  5. Le hace la agenda a los demás.
  6. Busca continuamente actividades para que sus seres queridos participen y estén ocupados.
  7. Odia ver a sus seres queridos frustrados por algo.
  8. Busca que sus seres queridos siempre tengan algo que hacer, para que no se aburran.
  9. Siente el compromiso de que las actividades del punto 8 sean siempre divertidas y de agrado. 
  10. Hace cosas por sus seres queridos que ellos deberían hacer por si mismos.

Si usted como yo se ve reflejada en estos puntos, no se castigue sino más bien agradezca a su cuerpo y mente esa resistencia colosal que hasta el día de hoy ha manifestado como un acto de amor y hágase la promesa que de aquí en adelante, le dedicará esa cantidad maravillosa de energía a sanar su proceso personal en esta vida y dejará que los demás hagan su vida.

Repita conmigo: “Está bien que las cosas no salgan bien, está bien que los otros sufran, está bien que los otros batallen, está bien que cometan errores, está bien que no los salve de todo  y les haga la vida fácil. Está bien dejar. Está bien soltar. Está bien dejar de cargar cosas que no son mías.” En este mes de la mujer, en el cuál hay tantos temas valiosos para la reflexión, que no se nos olvide que no solo se trata de la lucha por la equidad, dignidad y derechos frente a los demás, sino también de salvarnos a nosotras mismas de nuestra propia historia y legado.

Las abrazo y las admiro.

Con amor,

Erika.

La foto de portada es obra de Ángeles Agrela “Nº3 Lucía y Cupido”, 2016.

  • Música para la semana: Playlist para Energía Femenina
  • Hay que poner atención a: Semana Mundial del Cerebro (11 al 17 de marzo), Día Mundial del Pi (14 de marzo), Día mundial del sueño (15 de marzo), Día Mundial del Oso Panda (16 de marzo) y Día de San Patricio (17 de marzo)
  • Si notas que algo está muy intenso es porque: Se está terminando la temporada Piscis, para dar paso al año nuevo astrológico con el equinoccio de primavera la próxima semana.Ch-ch-ch-changes.
  • Bonus: El maravilloso video del Ballet Nacional de Madrid por el día de la Mujer.

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Erika Tamaura es gestora cultural, maestra, migrante y periodista cultural.

Podcaster en Capuccino Radio y blogger en Sobre las horas.

Originaria de Ciudad Obregón, Sonora, México. Radica desde 2019 en Houston, Texas, Estados Unidos.

La foto de portada es obra de Ángeles Agrela “Nº3 Lucía y Cupido”, 2016.
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Erika Tamaura

Reiniciar

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Lo mismo de siempre.

Por Erika Tamaura (@erikatamaura en Twitter)
 

Importante: esta columna se debe leer con la canción de “Hand in my Pocket” de Alanis Morrisette  en su versión acústica de fondo.

Clic aquí para escuchar.

Quiero que se ubique en ese momento en el que algún dispositivo tecnológico le falla, se cicla, se congela o simplemente no jala como debe de jalar. ¿Qué es lo que siempre funciona para arreglar eso? Apagar y prender de nuevo. Reiniciar.

Estaba pensando sobre qué platicar para este cierre de año y me gustaría reflexionar sobre el tema de volver a encendernos. En todos los aspectos.

2020 fue el gran apagón del mundo. 2021 fue el aplastar (durante largo tiempo) el botón de encendido (con mucho cuidado y temor) rogando que la cosa prenda; 2022 fue el momento en el que la pantalla encendió de nuevo y desde mi punto de vista, 2023 fue el instante en el que te percatas que en ocasiones, después de un reinicio forzado, hay archivos que se borran y se pierden o algo ya no puede usarse igual que antes. 2023 fue la cruda después del reinicio, esa media hora donde te la pasas reprochándote y sufriendo el por qué no hiciste un respaldo, por qué no guardaste ese avance de archivo o proyecto cuando pudiste, por qué no archivaste esas fotos que nunca podrás recuperar de nuevo, por qué no apuntaste en un papel físico ese número de teléfono o correo tan importante… 2023 fue aceptar que la única opción para seguir adelante es volver a empezar y aceptar que hay cosas que no podrán seguir con nosotros.

2024 será para reconstruir, rehacer y realmente reiniciar.

Hemos atravesado el proceso de la nostalgia por lo que ya no es, ni fue, ni será, por lo que ya no se podrá recuperar y que hay que aceptar perder. 2024 viene con esa incomodidad que causa lo nuevo: ajustarse y adaptarse. Mutar.

“And what it all boils down to, is that no one´s really got it figured out just yet”…  algo así cómo: “y todo se resume en que nadie sabe realmente cómo hacerle”. Esa es una de las frases de la canción de Alanis que está escuchando usted conmigo ahorita.

Reiniciar está cabrón (así decimos en el norte), pero hay que hacerlo a fuerzas (ahí si no le digo cómo se dice en el norte porque esta columna es clasificación para toda la familia). Pero la verdad es que no está fácil. Creo que no estoy haciendo muy bien mi papel de porrista y darle el cliché que se da cada fin de año diciéndole “¡vamos con todo!” “¡este es nuestro año!” “New year, new me!” “Si me caigo una vez, me levanto dos veces…”

No, para nada. Yo no vengo a motivarle. Vengo a decirle que no queda de otra: o seguimos o seguimos. A cómo se pueda. Con el dolor a cuestas, con los problemas, con lo que haya en el refrigerador. No hay de otra. Nos guste o no, estemos de humor o no, la única opción es levantarse de nuevo mañana temprano, verse de nuevo en el espejo, irse a ganar el pan de cada día, intentar no caer en depresión, amar y ser amados con lo que haya, resolver problemas, preocuparse, bañarse e irse a la cama de nuevo para intentar dormir un par de horas, las suficientes para que no le duela la cabeza al día siguiente.

Lo que si puedo decirle es que hay algo con lo que puede acompañar esa opción de reinicio: yo. Así es, usted no me conoce, ni yo a usted pero aquí estamos. Yo escribiéndole y usted leyendo. Pero espere, tiene otra opción: su amiga esa que le manda siempre monitos de buenos días o Tik Toks para hacerle reír. Ah, se me olvidaba que también tiene ese amigo al que le habla de vez en cuando para tomarse una cerveza y jugar dominó cuando se ocupa. Oiga, y luego se acuerda de esa compañera de trabajo que siempre anda organizando las convivencias y fiestas y que decora cuando alguien cumple años… y luego la otra vez se la pasó muy bien en el chisme y tomando café con pan. O que me dice de esa persona desconocida que le guardó su lugar en la fila del súper porque usted tuvo que regresar corriendo a buscar algo que se le olvidó… Y si es de los afortunados que tiene una pareja a su lado, hijos, madre, padre, tías, tíos, primos, sobrinos, abuelas, abuelos… bueno, usted es de esos suertudotes.

Si la única opción frente al 2024 es reiniciar y seguir adelante, hágalo sabiendo que por más duro o tedioso que parezca, siempre habrá alguien con quien pueda compartir esa incomodidad del reinicio… y con el poder inigualable que solo otorga la rutina de aquellos que jamás se rinden.

Le abrazo con todo mi cariño. Felices fiestas.

Encendámonos de nuevo.

“And what it all comes down to

Is that I haven´t got it all figured out just yet

´cause I´ve got one hand in my pocket

and the other one is givin´ a peace sign.”

-Alanis Morrissette

*La foto de portada es de Pieter Kers sobre la exposición: “REBOOT: Pioneering Digital Art” una exhibición que presenta obras realizadas de 1960 al 2000 y que incluye también nuevas interpretaciones de piezas por artistas contemporáneos. La exposición permanece a marzo de 2024 en el Nieuwe Instituut

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Erika Tamaura es gestora cultural, maestra, migrante y periodista cultural.

Podcaster en Capuccino Radio y blogger en Sobre las horas.

Impulsando la agencia cultural Node Point Us en la frontera sur de Estados Unidos.

Originaria de Ciudad Obregón, Sonora, México. Radica en Houston, Texas.

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Erika Tamaura

Agradecer. (Parte 2…y edición de cumpleaños.)

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Lo mismo de siempre.

Por Erika Tamaura

(@erikatamaura en Twitter)

Le dije que nos veríamos aquí después de la locura de la gastadera (y que aún no acaba).

¿Cómo se siente en este momento? ¿Culpable por haber gastado? ¿Feliz porque gastó y se lo merece? Se sienta como se sienta, no se arrepienta. Respiramos en un mundo muy complejo por las trampas de lo material y ese es el propósito de estas vivencias capitalistas: retarle, ponerle contra las cuerdas, llevarle a sus rincones para hacerle reflexionar. Desacomodar. Reiniciar. Sentir. Asuntos que más que con el dinero, tienen que ver con nuestra paz interna.

Somos materia. Vivimos con la materia. Mejor hagamos las paces con nuestro deseo, necesidad capricho, ambición, y antojo. Estoy convencida que el reto de esta vida es lograr comprender la razón de la existencia de los accesorios materiales y su función en nuestras provocaciones. Por eso, hoy quiero recordarle que hay un antídoto para la cruda post-revisión de saldo: concentrarse en agradecer. Y cuando hablo de lo material, hablo de todo lo que se puede oler, gustar, tocar, ver, escuchar.

¿Recuerda el ejercicio que le dejé en mi columna pasada? Lo hice y vengo a platicarle lo que siento en este momento.

No se siente bien pensar que todo pasa por algo. No es suficiente. Me faltan razones.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún cuando me falte la explicación.

No se siente bien sufrir y decir que el tiempo lo cura todo. No me convence. Me falta justicia.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún cuando me falte ese eslabón en mi historia.

No se siente bien desear algo y no poder tenerlo. No me gusta. Me da coraje. Me da tristeza. Me frustra.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún desde la limitación.

No se siente bien perder lo que se ama. Duele.
Sin embargo, estoy aprendiendo a dar gracias aún en las múltiples soledades.

Para aprender a agradecer, estoy aprendiendo a aceptar lo que siento. No a juzgar si estoy sintiendo lo que debería sentir o reprocharme por sentirlo, solo aceptar que sucede y que está aquí, conmigo.

Para aprender a agradecer, estoy negociando con mi psique reprogramándome sobre que esto no se trata de una transacción de oferta y demanda. Esto es una cosa unilateral, no negociable. Se agradece porque es un ritual personal y ya.

Cumplo 43 años el próximo fin de semana y me encuentro en un momento, tiempo y espacio muy diferente al que creí que iba a estar en este momento de mi historia. Pude haber tomado muchos otros caminos, pude haber decidido muchas otras cosas, pude haber elegido diferente. Me pude haber aferrado, gritado y peleado con todas mis fuerzas. Pude haber navegado en otros mares.

Le invito a que haga otro ejercicio conmigo en este momento. En lugar de agradecerle a alguien más (a Dios, a su familia, a su pareja, etc.) agradézcase a usted. Tome una respiración profunda y repita conmigo:

Me agradezco por haberme decepcionado por amor, por todas las veces que me rompieron el corazón.
Me agradezco el haberme equivocado cuando creí que era superior a los demás.
Me agradezco por haber enfrentado retos más grandes de los que podía resolver, me agradezco por haber sentido vergüenza, por la impotencia, por haber llorado de rodillas amargamente en el piso de un lugar desconocido sintiéndome desolada y derrotada sin una solución por delante.

Me agradezco por haber explotado, por haber atravesado el dolor, por haberme creído invencible, soberbia y egocéntrica… me agradezco por haberme detenido y rendido cuando debí haber seguido luchando. Me agradezco la osadía y por nunca haberme guardado ninguna lágrima y ninguna palabra.

Si yo no me agradeciera todo esto ¿en dónde quedaría todo ese poder personal obsequiado por el tiempo transcurrido y vivido? Al agradecerlo, lo pongo en mi cajón de cosas que quizá jamás voy a entender, perdonar o cambiar, pero que son parte de mi historia de vida y me sostienen pieza por pieza frente a mis nuevas y futuras provocaciones las cuales espero nunca me falten.

Sobre todo, me agradezco por siempre haber seguido mi corazón, porque es en el corazón dónde se guardan las mejores gracias dichas o calladas y un corazón agradecido siempre recibe recompensa. Se lo digo yo, una mujer en el mejor momento de su vida, rodeada de salud, amor y abundancia, llena de sueños… Durante toda mi vida me han dicho diva, creída y protagonista… quizá soy eso también, pero que les parece si le agregamos: diva, creída, protagonista y agradecida. Siempre agradecida. Y eso, siempre le salva el alma a una.

*La foto de portada es: “Agujero Negro” (Cygnus X-1), 2014. Del artista: Björn Dahlem. Instalación de madera, lámparas y objetos. 1800 x 1600 x 600 cm. Matadero Contemporary Art Center Madrid.

Música para la semana: Sagittarius Season de mis listas de música personales.
Si notas que algo está muy intenso es porque: ¡Se está acabando el 2023!
Para hacerte sonreír: Girl Math (por aquello de la gastadera)
Bonus: : les dejo mi tablero de Pinterest para ideas de decoración de cumpleaños.

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Erika Tamaura es gestora cultural, maestra, migrante y periodista cultural.
Podcaster en Capuccino Radio y blogger en Sobre las horas.
Impulsando la agencia cultural Node Point Us en la frontera sur de Estados Unidos.
Originaria de Ciudad Obregón, Sonora, México. Radica en Houston, Texas.

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Erika Tamaura

Agradecer. (Parte 1)

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Lo mismo de siempre.
 
Por Erika Tamaura (@erikatamaura en Twitter)
 

Mi madre me dijo que dar las gracias era de buena educación. Incluso cuando no quería hacerlo. Que ser agradecida era algo que se tenía que hacer. Ahora yo le digo a mi hijo siempre que si ya dijo “gracias” cuando veo que se ocupa y no se le prende el foco a él solo. Es que me acostumbré a tener siempre a mi mamá que anduviera detrás de mi monitoreándome mis agradecimientos. Y dar gracias puede traducirse en varias prácticas: regalar, abrazar, hacer un gesto público, reconocer… me enseñaron que dar regalos era una manera de ser agradecida, y ahora cuando quiero domar ese instinto “dador” me va medio mal porque cómo que se me confunde con mi herida de aceptación y otras cosas de la niñez y entonces pienso que si no doy nada material, no estoy cumpliendo con los estándares de mi amá.

Pero la cosa se pone peor en el Black Friday o el “Buen Fin”. Me di cuenta que soy producto no solo de mi madre, si no que el mundo entero también está en la sintonía de que entre más cosas materiales des, más agradecido eres, y no sé ustedes pero luego a mi me queda como una sensación que lo que estoy dando no es suficiente y termino casi disculpándome por “el pequeño detallito” que resulto regalando. Y mientras se han hecho movimientos interminables y muy buenos sobre una desprogramación social para no relacionar el agradecimiento con el capitalismo despiadado, seguimos inmersos en un loop sin fin.

Así que lo que les vengo a decir es: “dejemos de luchar contra la desprogramación y abraza tu capitalista interno amorosamente y con un twist” y déjenme explicarles lo que quiero decir. En lugar de gastar energía tratando de cambiar el mundo y su sistema, enfóquese en usted mismo. Ahí le voy.

Primero: va a requerir mucha valentía repensar su concepto de agradecimiento y eso va a ser un proceso lento y largo, no crea que se va a poder de un día para otro. Así que tenga paciencia. Luego, abra la puerta a su minimalista interno y diga: Sí, sí quiero esa bolsa y sí la necesito, pero puedo vivir otro día sin ella… y no se confunda: lo que realmente le duele o le da miedo de no comprarla es el perder la oportunidad de no volver a ver esa bolsa después y arrepentirse luego de no haberla comprado. ¿Alcanza a ver? El problema no es lo material, las cosas son solo detonadores de las emociones. Ahí está el centro del asunto. Tenemos anclado en nuestro sistema que para ser agradecido hay que traducirlo a lo tangible. Aquí viene el reto en el siguiente párrafo. Siga leyendo.

Mañana cuando se despierte, va a pensar en la situación más difícil, triste, vergonzosa o lastimosa que le haya tocado vivir y va a cerrar los ojos y va a decir: GRACIAS. No, no le estoy pidiendo que de verdad sienta agradecimiento, le estoy pidiendo que solo diga la palabra y ya. Sienta el desacomodo, el desequilibrio y la incoherencia que eso le provoca y aguántelo. Aguante la incomodidad. Váyase a dormir así, pensativo. Luego al día siguiente, haga lo mismo: evoque ese momento que no quiere recordar y diga: GRACIAS. Ahora sienta la confusión, la incertidumbre y dígase a usted mismo la pérdida de tiempo que esto está significando. Pase el día así, medio sacado de onda y váyase a dormir. Por último, despiértese la tercer mañana, retome ese recuerdo que ha querido olvidar a costa de todo y diga: GRACIAS. Y ahora recuerde esas cosas materiales que ha querido comprar y no ha comprado y piense: ¿Qué es más importante? ¿surfear entre elementos de las tiendas o comprender que la salida fácil es dar (se) un regalo que enfrentar la verdadera esencia del agradecimiento?

No le voy a decir el resultado de la tercera mañana, eso es algo que usted tiene que descubrir por sí mismo. Lo que sí le puedo decir es que aún no he encontrado alguna bolsa que merezca mi dinero y eso es cruel porque el mundo no funciona así. Mi dinero está impregnado de esos momentos por los cuales aún no he podido ser agradecida del todo y quizá por eso la vida me mantiene en una fina línea donde aún parece que lo material me control y me petrifico cuando se trata de comprar algo por el miedo de darme latigazos después al ver lo que gasté. Pero siento que estoy a un paso, a un pasito, de poder entender que dar gracias no es una palabra mágica o una terapia de sanación, dar gracias implica un proceso brutal de autoreflexión y lleno de humildad para poder aceptar cada cosa que hemos vivido y que nos ha traído hasta aquí. Entender el agradecimiento puede costarnos muy caro porque implica enfrentarnos con nuestro estado de cuenta de la vida, con los retiros y depósitos que hemos hecho para cada decisión de nuestro camino y a nadie le gusta ver su estado de cuenta. A nadie le gusta darse cuenta que los precios de las cosas son más de lo que realmente cuestan o que hemos gastado más de lo que podíamos, y ya no estoy hablando de la bolsa.

Los veo después del “Buen fin” para hacer corte de caja en la segunda parte.

*La foto de portada es una instalación llamada: “Not a Shield, but a Weapon.” del artista Pio Abad. La pieza consiste en 180 copias de la bolsa de Margaret Thatcher y la imagen la encontré en https://i-d.vice.com/en

• Música para la semana: Música para ir de shopping
• Si notas que algo está muy intenso es porque: Tuvimos el cazimi de Marte en Escorpio el fin de semana, el sol va a entrar en Sagitario (Ahí anda Mercurio) y viene la luna nueva en Géminis. Abusados con los asuntos de comunicación y verdades a la luz.
• Para hacerte sonreír: Paz y tranquilidad a la venta.


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Erika Tamaura es gestora cultural, maestra, migrante y periodista cultural.
Podcaster en Capuccino Radio y blogger en Sobre las horas.
Impulsando la agencia cultural Node Point Us en la frontera sur de Estados Unidos.
Originaria de Ciudad Obregón, Sonora, México. Radica en Houston, Texas.

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